Monday, August 24, 2009

NO MIRES!

La mujer viste a Jacqueline con minifalda rosa, blusa blanca de tirantitos y zapatos con diamantina plateada, cualquiera diría que es una corista pero su mirada tierna y sus rodillas regordetas la delatan, sólo tiene 4 años.

Es tarde, la mujer carga bolsas llenas de mercancía para vender.

Jacqueline es de piel de leche y cabello rubio, tiene chapitas y le gusta sonreír, tiene la mirada despierta, los ojos claros.

La mujer tiene piel de canela, es más bien gordita, con pasos pesados y rostro cansado.

El vagón va lleno, una señora se levanta de su asiento, Jacqueline corre, se sube como si tratara de escalar una montaña, logra sentarse con dificultad.

Su madre de bronce la mira, piensa que le duelen las piernas, piensa que Jacqueline es muy grande ya para cargarla, se sostiene del tubo, se recarga, la temperatura pareciera convertirla en un gran trozo de chocolate que se derrite con el contacto.

Al otro lado del vagón una niña de mirada ausente sostiene una muñeca de pelo rizado y rubio, Jacqueline no puede dejar de verla, a su lado se desocupa un asiento, Jacqueline hace por bajarse para cambiar de lugar, su madre le hace señas de que permanezca sentada.

La mujer arrastra las bolsas y se sienta, van a dar las tres, van hasta la terminal observatorio, faltarán diez minutos a lo menos, los párpados le pesan, cierra los ojos.

Jacqueline no puede dejar de ver la muñeca, pierde atención a la pequeña bolsa que trae sobre el regazo, la pone a un lado y abre ligeramente sus piernas tiernas.

El hombre de enfrente no puede dejar de mirarla, imagina su tenue respiración y la humedad que despiden sus poros por el calor en el vagón. Frunce el seño cada vez que el vagón se llena, sonríe cuando queda semi vacío.

La anciana al lado de Jacqueline se da cuenta, no dice nada, se enoja porque las miradas del hombre hacen pesado el ambiente; pero tiene miedo, la gente en estos tiempos está muy loca, regresa a su lectura, en el encabezado del diario: ¨mujer prostituía a su hija de cuatro años¨.

Jacqueline tiene calor, se sujeta el pelo con una liga con estrellas, en la maniobra resbalan los pequeños tirantes blancos dejándole los hombros descubiertos, el hombre al otro lado se muerde los labios.

No deja de mirarla, no deja de tratar de imaginar el aroma de sus cabellos rubios, como los de la muñeca de la niña con mirada ausente.

Suena el timbre para cerrar las puertas, están en Chapultepec, el hombre debía bajar en Sevilla, reacciona, se levanta de su asiento, ¨vamos hija¨, toma a la niña de mirada triste y baja del tren, se cierran las puertas, Jacqueline agita su mano y se despide de la muñeca, la niña la mira desde afuera mientras el hombre la sujeta de la mano.

Friday, May 15, 2009

En Contacto

…y esa canción estuvo dedicada con mucho cariño para la señora Lucía Domínguez de parte de su hija Aurorita que la felicita mucho por su cumpleaños. Ahora vamos a ver quien está en la línea. Muy buenos días…

- Buenos días Gerardo

Dinos rápidamente tu nombre y a quién quieres que contactemos aquí en tu programa “Derribando Fronteras”

- Bueno Gerardo, soy la señora Angelina Hernández, llamaba para ver si puedes llamar a mi esposo, el señor Miguel Ángel Cuevas que está trabajando en Ontario, Canadá.

Claro que si, con mucho gusto, pero, cuéntanos Angelina, ¿cuánto tiempo lleva tu esposo por allá?

- Se fue hace siete años y hoy es su cumpleaños

A pues muy bien tengo aquí su teléfono y vamos a marcar, 01 ….hay algunos problemas con la línea, vamos a esperar un par de minutos para volverlo a intentar, pero cuéntanos, ¿a qué se dedica tu esposo en Canadá?.

- Está en la construcción, sólo que hace ya como tres meses que no sabemos de él, yo creo que tiene mucho trabajo

Seguramente, nuestros paisanos trabajan muy duro y luego no hay tiempo o están en condiciones que no pueden comunicarse, cuéntame Angelina tienes hijos

- Si, tenemos tres hijos, uno ya grande de 23 años que está estudiando la universidad y dos chiquitos de 12 que están por salir de la primaria, también para eso quiero hablar con él para ver si va a venir a la fiesta de salida…

Ya está llamando ahora si, vamos a ver si nos contesta allá en Ontario, Canadá….

- Hello

Hola muy buenos días, estamos llamando de México del programa “Derribando Fronteras”, mi nombre es Gerardo Montes, ¿habla usted español?

- Ah si, buenos días

Fuera tan amable de comunicarme por favor con el señor Miguel Ángel Cuevas

- Si permítame… hijo, ve y dile a tu papá que le llaman por teléfono de México, córrele

Friday, January 23, 2009

Itinerante

Con ganas de decir “Mira, estoy haciendo lo que recomendaste, ahora… ¿podemos ser amigos?”, y entonces suena el despertador y son las 4:47, y ya me dormí más de la cuenta, el trabajo, de diario.


Dormir unos 15 minutos más en el camión, sortear el metro sin gente y correr en los andenes, caminar pausado por la calle oscura esperando que sea un barrio tranquilo.


Cinco, diez, veinte minutos tarde, enciende, graba, escribe, pronto, llegaron todos, hora de esto, hora de lo otro. Si tienes suerte sales, si no, también; si no hay suerte, te quedas o vas a cubrir algo deprimente.


Se acerca la hora y has bebido mucha agua, subes, bajas, sonríes y dices adiós “en la calle hay un borracho pero… ¿a quién le importa?”, el metro tiene gente, niña te mira feo porque vas sentada, hombre patán te mira porque vas parada.


Camión, vuelves a dormir, calle, caminas, gente desconocida, barrio ajeno donde duermes, casa, el sillón, frío, comida, tele, dormir.


“Si, ya podemos ser amigos”, te da la mano, es bueno sentir calor sincero, es bueno ya no querer y tener cariño al mismo tiempo, “vamos a caminar por ahí a ver algo nuevo, vamos a platicar, vamos a beber …” y otra vez el celular vibrando sobre la cómoda, son las 4:15, aún puedes dormir 5 minutos más, “¿dónde estás?”, las 4:50, es tarde, al trabajo!!!.

Friday, December 05, 2008

Un adolescente

Final alterno para el cuento homónimo de Orgambide
... como hipnotizados, sus padres miraban la pantalla. Raúl miraba sin ver; veía la colina verde frente al río, el vestido rojo de Amelia y las palomas, olvidó las imágenes de sus padres en ese momento, en un instante, su padre volvió a ser el mismo hombre que aún cuando contemplaba la televisión como enajenado tenía mirada de sabio.
Su madre esbozaba una sonrisa igual a la de cuando era niño y limpiaba las heridas de sus rodillas ocasionadas por saltar desde algún columpio en movimiento.
Quería regresar a ese tiempo, donde todo era juego y la vida transcurría lenta, el día se multiplicaba y se medía en eternas batallas con bombas de lodo en el patio trasero. Batallas sencillas, era más simple vencer a sus compañeros de juego que a una mujer enfundada en un vestido rojo recorriéndole el cuerpo con las manos heladas.
Se vio a sí mismo de pie en esa habitación a media luz, Amelia, con su mirada adormilada y la piel fría trataba de encender esa parte de su cuerpo que algunas noches lo despertaba inundado en medio de sudores helados y respiraciones hirvientes.
No sucedía nada, Amelía trató de acariciarlo de maneras vulgares, repentinas e incluso tiernas, pero Raúl permanecía de pie, su cuerpo no reaccionaba al contacto de la mujer, sus mejillas comenzaron a sonrojarse y un sudor tímido se le asomaba por la frente.
Ella cambió de táctica, lo desnudó y acto seguido se desprendió del vestido rojo; Raúl, muy nervioso para disfrutar el momento, se echó a llorar, se sentó en la cama y abrazó las almohadas de satín blanco.
La desnudez había proveído a Amelia de un aspecto cálido, Raúl notó en su piel los estragos del tiempo, los pechos un tanto flácidos, distintos a los de las mujeres de las revistas, las piernas con líneas que reconocía sólo de la imagen de su madre bañándolo en la regadera a los cuatro años.
Amelia se recostó junto a él y comenzó a acariciarlo, no con el ánimo de encender su deseo de escolapio reprimido, sino de calmar la impotencia que el cuerpo desnudo de Raúl transpiraba por los poros.
Una vez que se calmó se levantó de la cama, se miró en el espejo frente y la impotencia le regresó, la imagen que contemplaba de frente no era la de un hombre avergonzado de no disfrutar del cuerpo de una mujer, había un niño.
Mientras recordaba esos momentos cayó en cuenta: no estaba listo para irse de casa, no porque no pudiera mantenerse sólo, sino porque simplemente no quería, descubrió que ese niño que lo miraba al otro lado del espejo era él mismo aunque con ropa pareciera ya un hombre.
Raúl entendió que seguía sin saber cuándo se convertiría en adulto, pero tenía muy claro que no tenía prisa.

Sunday, October 05, 2008

El Salto

No se quería quedar sentado esperando la hora de su desventura, quería salir, comerse el mundo y dejar atrás el estrés, el tedio que lo rodeaban, soltó un suspiro, por decimoquinta vez en el día se imaginó en la playa, con su puesto de cocos y su torre de libros apilada a un lado de un mueble donde acomodaría tarros para cerveza y copas grandes para ginebra con agua de coco.


Juan llamó a la puerta de su oficina, lo distrajo de su fantasía recurrente, -¿te enteraste que está acá?-, la pregunta terminó de tajo con la imagen, ella había vuelto, estaba en el mismo edificio, se acercó a la ventana y vio su auto en la calle estacionado del otro lado de la acera, desde su oficina podía ver el conejo de peluche al interior del vehículo y el golpe en la salpicadura que él mismo había dejado ahí cuando ella lo enseñaba a manejar.


Entró a la oficina sin tocar, traía el pelo más largo, las caderas más anchas y un aire maduro en su rostro redondo que le proveía de mayor interés.


-Europa te sentó bien- le dijo él casi temblando


Ella se acercó y lo abrazó –Es bueno volver a casa-


Juan volvió a tocar la puerta, Méndez la esperaba, era hora de definir su futuro laboral.


Salió de la oficina sin despedirse, él volvió a suspirar y pensó en lo que sería la vida de ahora en adelante, la misma oficina, el mismo trabajo, tendría que verla de lejos día tras día, sin poder acercarse, dio otro suspiro y dentro de sí, sintió como se juntaba toda su desesperación , abrió la ventana y se arrojó al vacío…


Mientras caía directo a la banqueta cayó en la cuenta de que estaba en un primer piso, se rió y pensó que, después de despertar iría a su casa, vendería todo y se mudaría a la playa.

Wednesday, September 17, 2008

Siempre

Ahora sólo recuerdo el clima frío de Barcelona, tú y yo caminando como si el país estuviera solo, no me quedan muchos recuerdos pues el tiempo me los arranca de entre los dedos y los desenreda por debajo de mis cabellos.


Buscamos una tienda y me quedé parada frente a una construcción vieja, te dije que parecía un kiosko familiar, uno al que fuimos un día allá lejos cuando me querías, tu miraste indiferente , yo lloraba y no podía decir sino impertinencias, apenas logro recordar esa sensación.


Quería un abrazo sincero y estabas lejos, quería tantas cosas, a lo mejor nunca me puse a pensar en ti, no me cansaba de repetir “me siento frágil”, anoche te había dicho que te quería más que a nadie y hoy solo quería correr y perderme entre unas calles tan mías que te fastidiaban.


Compraste cerveza, caminaste tantos pasos como pudiste alejarte, te pedí una foto, me tomaste una foto de mí siendo frágil, soñando con volverte a mirar de la misma manera, volverte a querer, vuélveme a querer repetí con los labios entrecerrados mientras guardabas la cámara.


No escuchaste, no escuchas ahora tampoco


El vacío comenzó a hacerse tan pero tan hondo que ahora el paso del tiempo apenas alcanza a cubrirlo, ahora sueño en una cama que no es la nuestra y duermo entre el calor de unos brazos que no son tuyos.


Afuera suenan guitarras, no me convertí en guitarra como tú dijiste, me convertí en maraña de nervios, me llené de gente y de instantes sin ti, sin poder soltar los que pasé contigo para dejarlos donde no pueda recordarlos.


Mi risa se convirtió cascabeles, pues él se posa en mi mirada y no se va , me pone rojas las mejillas cuando levanta las cejas, me pone triste la cabeza cuando se aleja, aún me quedo de noche esperando que me hables para contarme cosas torpes pues te quiero, pero a él lo espero para que me abrace y me diga que no importa si soy frágil porque puede ser fuerte por los dos si yo no puedo.


Aún recuerdo caminar contigo en calles extrañas, en medio del viento helado, con sueño. con risa, con tedio; aún espero caminar contigo en calles cercanas con ganas, con sueños, con cariño.

Sunday, August 31, 2008

Esa edad


Buscando sabores, sensaciones y diversión, una caja se convierte en auto, un columpio en avión y un simple charco, en un hondo río